Edad Media, Mujeres en la Historia

Mujeres Invisibles de la Edad Media

La Hazaña del pensamiento de las mujeres… es haber sobrevivido, siglo a siglo a la prueba de la hoguera, del linchamiento y del hospital psiquiátrico.

Claire Lejeune. Escritora

Amanece con frescor cuando llegamos a la Abadía de Fontevrault, allí Isabel de Anjou, abadesa, nos acompaña a una de las estancias más recogida a la oración, donde nos espera Leonor de Aquitania. Imponente, en el centro, su figura se esculpe entre la luz que atraviesa los ventanales y las sombras de las piedras. Allí, de pie, nos muestra que a pesar de la edad sigue siendo La Reina

Soy Leonor de Aquitania.

Mujer y Reina.

Nací en 1.122, Siglo XII, reiné sobre Francia y también sobre Inglaterra. Mi vida y mis hechos se contarán en otro momento.

He venido a satisfacer el deseo de conocimiento sobre la época que me ha tocado vivir, a la que se dará llamar Edad Media, se extenderá durante 10 siglos y vendrá a ser el mayor periodo de tiempo de la Historia. Desde el 476 d C. con la caída del Imperio Romano a la época Renacentista.

Una etapa injustamente señalada como oscura, de enfermedad, guerras, hambre y miseria… y (respira) ¡época de vasallaje!

No se puede extraer enseñanzas de la Historia si la analizamos desde la época que vivimos y no desde los hechos que tuvieron lugar, en su contexto, en su tiempo…

Brilla la luz en la Edad Media, se darán grandes transformaciones, avances y descubrimientos, el esplendor artístico del Románico o del Gótico, todo ello son los cimientos de la conformación de las sociedades modernas.

(reflexiona, se vuelve introspectiva, aunque mantiene la misma energía y seguridad en cada una de sus palabras.)

El tiempo… el tiempo debería hacernos más sabios…

Mi educación fue muy distinta al resto de las mujeres de mi época, mis padres me educaron como varón, me dotaron de herencia, en un tiempo donde a la mujer no se le otorgaba ni derechos, ni privilegios.

A lo que llamaban educación para las mujeres, en manos eclesiásticas, era más bien una forma de dotarlas en el arte de servir y ser solicitas, el arte de la reproducción y de cuidar los hijos.

El más importante logro y de mayor trascendencia para la educación, nace en el Siglo XI y XII, cuando se crean las Universidades, el acceso a la educación, a la inteligencia, el conocimiento al servicio de la humanidad, tan necesario en sociedades que pretenden avanzar, y, sin embargo, está prohibida a las mujeres.

Es este tipo de sociedad misógina alentada por la Iglesia y la legislación aristócrata la que caracteriza al mundo medieval. La mujer fue considerada como un objeto, en un plano inferior.

Sin embargo, a pesar de su visión, ni la Iglesia, ni la Aristocracia consiguen silenciarnos a todas.

María de Molina, Christine de Pizán, Lubna de Cordoba, Trótula de Salerno, Herrada de Landsberg y su delicioso Hortus Deliciarium, Jacoba Felicié, Sabine von Steinbach, o quienes me acompañan Hildergarda y Adela, y tantas que esperamos el momento de ser VISIBLES.

Mujeres en la Historia

Recorremos los largos pasillos románicos del Monasterio benedictino femenino de Rupetsberg, nos dirigimos hacía el jardín del claustro, nos recibe la alegría del discurrir del agua de la fuente situada en el centro, el recogimiento y al fondo, la silueta de su fundadora Hildegarda de Bingen, monja benedictina, mística, teóloga, fundadora, escritora, experta en farmacia, cosmóloga, compositora, botánica, médico… y con una larga relación epistolar con papas, obispos, emperadores y reyes, como la que mantuvo con Leonor de Aquitania. Su voz y sus palabras acompasan el fluir de sus gestos

Soy el diezmo para Dios de mi familia, entregada como oblata a la joven noble Jutta de Spanheim, quien se ocupó de mi educación y de mi vocación.

Otras mujeres llenan los conventos con diversos motivos, huyendo de un matrimonio impuesto o al enviudar y quedar en desamparo sin varón.

En mi caso, fui consagrada desde mi nacimiento a la actividad religiosa, al ser la menor de 10 hermanos, debí ingresar en la orden benedictina. Es lo que me abre las puertas al conocimiento: me permitió aprender latín, y otras disciplinas. Las reglas de los conventos sí permiten a las novicias y monjas aprender a leer (la alfabetización es escasa en la población), mucha literatura mística se circunscribe a mujeres religiosas, todas las demás reglas son renuncias: renuncia a los objetos, renuncia a la palabra, renuncia a los alimentos, renuncia.

En 1136, a la muerte de Jutta, yo, Hildegarda de Bingen fui abadesa de mi comunidad.

Consagrada en cuerpo y alma a los designios dentro de la única Institución que en la Edad Media tiene carácter universal: la Iglesia.

La iglesia medieval mantiene a la mujer fuera del ámbito público, circunscrita a la esfera privada. Considerando la dualidad de “santas o demonios”, “vírgenes o impuras”, es decir, la mujer en representación de la máxima pureza a la peor ruindad, yo las padeceré durante toda mi vida, ¿santa o impura?, debido a mis ideas y mis visiones. Los hombres de Dios en sus cortas miras no logran entender que no son ni serán el centro del cosmos.

La evolución ideológica respeto a las mujeres tiene un momento clave en pleno siglo XI y XII cuando se produce un movimiento purificador en el seno de la Iglesia que nos afectará como mujeres, al considerarnos causa de todos los males, pasados, presentes y futuros. Este movimiento purificador fue la imposición del celibato.

El miedo, la superstición y la falta de conocimientos va a provocar una de las mayores persecuciones y caza de mujeres. Clodoveo I, rey de los Francos en 481 al 511 promulga la que dará en llamarse la Lex Sálica y en 1326 a través de una bula pontificia del papa Juan XXII se produce una exacerbada persecución amparada en el delito de brujerías, que durará cerca de 4 siglos.

Mujeres científicas, visionarias, curanderas, de capas de la sociedad más deprimidas o religiosas, fueron acusadas y condenadas…

(Se despide de nosotras mientras envuelve sus manos con las mangas de su hábito negro, diciéndonos)

Mis escritos recopilados en “Liber subtilitatum diversarum naturarum creaturarum”, en el cual expongo mis conocimientos sobre lo natural, sobre Causar et Curae, astros y divinidad, al mismo tiempo, me lleva mi raciocinio a la idea de no saber cómo acabarán mis días… aunque ello no vaya a silenciarme:

“Aún en un mundo que naufraga, permanece fuerte y valiente”

Códice medieval

Adela, Condesa de Alois, se acercaba con la elegancia y la suavidad de flotar sobre la fresca tierra, su delicada figura no mostraba huellas del peso de los años en su cuerpo, ella, sobre la que cayó los gobiernos de los condados de Blois, Chartres, Châteudum, Sancerre y de Meaux durante las ausencias y la muerte de su esposo, logró mantenerlos hasta la mayoría de edad de su hijo Teobaldo. De ella dicen, quienes la conocen, “mujer sabia y enérgica”.

Definir, como vos pedid en vuestros escritos, a la mujer en la Edad Media es arduo complicado, ello deriva de su posición, de su situación económica, de sus matrimonios o incluso dentro de la época, la Baja, la Plena o la Alta Edad Media que le tocó vivir, en una sociedad totalmente jerarquizada y de organización feudal.

La visión del Mundo en la Edad Media en Occidente es predominantemente cristiana, y ese peso soporta la mujer. Los pensadores medievales dan por supuesto la inferioridad de la mujer, considerándonos menores de edad, incluso discutirán si las mujeres tenemos o no almas.

Nosotras, las mujeres medievales, solo podemos desarrollar nuestra propia persona en ausencia de varón, causada principalmente por su muerte

Y ello me pasó a mí, cuando murió Esteban, conde de Blois-Chartes, caído en la batalla cruzada de Ramla.

(respira)

Yo, la condesa de Alois, Adela nacida en 1.063, actúe en primera persona y gestioné nuestras propiedades feudales, dirigiendo a nuestros vasallos. Viví la angustia de que, en este tiempo, en el que dirigía nuestros condados, pudiesen secuestrarme y obligada al casamiento de nuevo, para que un varón gestionara mis posesiones. Pude hacer frente y cumplir el destino de asegurar en las manos de mi hijo, Teobaldo, los condados de Blois, Chartres, Châteaudun, Sancerre y de Meaux.

Es en la Baja Edad Media cuando comienza a surgir lo que se dará a conocer como el estado moderno, seremos los cimientos de las sociedades actuales, eso conlleva una época de transformaciones de la mano de conflictos y luchas por mantener el poder político, que enfrentará tanto a la Iglesia como a la Aristocracia.

Todo avance conlleva cambios, si bien, ninguno afectará la posición de las mujeres que apenas gozamos de derechos. El Derecho relega a la mujer frente al varón tanto en el ámbito privado como el público, a la vez, que el poder político y económico está vetado.

En esta sociedad de luchas y transformaciones, el trabajo está destinado para quienes ni guerreaban ni rezaban. La base de nuestra economía es fundamentalmente la subordinación a las labores de la tierra.

Aunque existen oficios en los que la mujer participa, como tenderas, zapateras, trovadoras o en la construcción de las grandes catedrales góticas: las carpinteras, las argamaseras o las vidrieras, si bien su condición les lleva a recibir salarios más bajo que él del varón. Otros oficios serán específicos para mujeres como hiladoras, las horneadoras o las obreras del amor de las mancebías.

En esta estructura social, donde la nobleza mantendrá sus derechos y funciones representando al resto de la población.

En el Siglo XII comienza a desarrollarse el comercio y las ciudades, es el momento donde algunas de las mujeres comienzan a hacerse notar.

(su silueta se mezcla con los ocres y los verdes del entorno, mientras se diluye en el tiempo, su voz dulce y enérgica se transporta suavemente)

En la Edad Media el pensamiento y los avances que las mujeres aportamos son reales, necesarios y de un papel trascendental. En la transformación de la sociedad se debe reconocer que

NOSOTRAS SOMOS PARTE DE LA HISTORIA.

5 comentarios en “Mujeres Invisibles de la Edad Media”

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